jueves 16 de octubre de 2008

Bífidus Fatal

Yo, que como todo hijo de vecino, llevaba ya más de 20 años ingiriendo yogures caducados, papas podridas, bocatas semanales, "comida" del suelo, bebidas de muy dudosa procedencia y había flirteado con todo tipo de drogas, especialmente de las que te tragas :mrgreen: , iba a llevarme una advertencia traicionera y miserable.

Un sábado más, pero en Namek. Alcohol, risas, tonterías, lo de siempre. Llego a casa tambaleándome pero por mi propio pie, bastante perjudicado. Entro por el garaje suberpticiamente como toca, afuera amanece y mi padre está a punto de despertarse. He de ser raudo, o me lo encontraré y habrá sesión de palique.

Como en tantas otras casas en las que viven varios adultos, se produce una lucha a destiempo por la comida. Unos la comprar, y como no la pueden devorar de golpe, guardan una parte y las cosas buenas buenas, las ESCONDEN. Al menos pasa eso en mi casa, sobretodo en el pueblo, ya que es la casa que mñas cerca está de la discoteca, y los asaltos de jóvenes y hambrientos hacen estragos en los víveres de mi familia. Así, como la nevera que tengo allí es de las antiguas, de las que tienen el congelador arriba y la nevera abajo, y mis padres saben lo poco que gusto de doblar el lomo, un escondite idóneo parecía el primer estante de la nevera, lejos de mi perspectiva puesto de pie.

Pero no sé porqué, quizás in inherente instinto suicida, ese día iba a retorcerme y mirar allí. ¡Oh! Qué ven mis inyectados ojos en sangre, 5 ó 6 actimels límpidos y desprotegidos, pobres de ellos.

Como un imbécil que ha capturado un pez de dos metros sin darse cuenta, me rio yo sólo entre las luces que salen del interior de la nevera y las que se cuelan a través de las persianas, alumbrando mi crimen.

¡Sólo uno al día! reza el envase
Que le den por el culo
¡Solo uno al día! Me decía el Trol
Cálla, trol

Así que los enfilo uno a uno, joder qué buenos están; si hubiera habido 30 me los hubiera cepillado. Aquello servía para regular el tráfico intestinal, o eso decía el anuncio creo. Yo podía imagina mi fábrica de mierda llena de autopistas, con vitaminas y mierdas circulando a chorrocientos kilómetros por hora, embotadas sus mentes de l casie imunitas, trigliceritos, omega 70 y su puta madre. Dejo todos los envases tristes y vacíos en el mármol, como firmando mi atropello con una guarrería, y subo las escaleras hasta mi cuarto, aún riéndome. Me acuesto y me duermo sin novedad.

Me despierto ¿ ya es mediodía?. Oh no, espera un momento, noto como una costra en mi tripa ¿ me apuñalaron anoche?. Me intento incorporar y tararí que te ví, si doblo el lomo un milímetro mis costuras se rompen y amenazan con soltar milenios de mierda. Joder cómo me duele la tripa¿ me estoy cagando?, ni puta idea, me intento concentrar en mi esfínter anal, pero todo mi tronco está contraído, porque me acabo de tocar la chorra y empalmado como siempre, que si no juraría que tengo ahí dentro un bastardo hijo de satanás introducido en un escarceo olvidado. ¿ Esto qué es?.

Hago lo que hago siempre cuando em encuentro muy mal. Trato de dormir y ya se pasará solo, o me moriré. Hasta ahora siempre se ha pasado.

Me despierto a lo que calculo que son dos horas más, sudando. ¿Sudando?, pero si yo no sudo. Me toco el horrible rostro, estoy LLORANDO. El dolor es ahora tan fuerte que casi no lo siento. Veo puntitos negros. Cada vez que me retuerzo un poco noto como cómo una enorme roca, o lo que yo creo que es éso, me desgarra lo que Dios quiera que tenga por ahí dentro. Es como una roca angulosa dentro de un globo de a peseta. Es cuestión de tiempo. Decido que tengo que cagar, ésa será mi salvación.

Me tiro de la cama, literalmente, y siento como aquello se mueve, me muero de dolor pero me callo como la puta que soy. Llego miserablemente a la taza, y en una postura medio a "bolapié", medio de pie, medio sentado, trato de defecar. Quién me iba a decir a mí, alcohólico, que aquello de no poder cagar era un problema real y no un cuento como el estrés o la depresión. Ahora entendía a todas aquellas furcias en la tele comiendo mierda para poder cagar. Nada, imposible. También recordaba aquella pintada que ví en un bar hace tantos años: Zona mortal, caga o muere. Era el fin.

¿Es ésto la vida? ¿ tan miserable es el ser humano?. Yo, que me he jugado el pellejo contra la muerte a lo largo y ancho de mi vida, tantas veces y por tan poco, saliendo siempre victorioso. No podía morir en el Bronx, ni de un disparo, después de una persecución policial, de días y días sin dormir, de beber hasta perder el conocimiento, a 300 kilómetros por hora, después de trabajar jornadas y jornadas. Iba a morir allí, con aquellos calzoncillos tan feos, desprovisto de cualquier dignidad, la vida era una broma. Así que volví a la cama, sufriendo espasmos y alucinaciones, llorando otra vez, tiritando. Me metí, me tapé y traté de poner una cara de resignación.

¿Qué dirían mis padres?¿Quién heredaría mis consolas? Qué desesperación, que me devuelvan el dinero...

Me volví a dormir. Me desperté, el dolor seguía, pero había menguado y , sorpresa, tenía ganas de cagar. Fuí, y cagué. Bueno, expulsé unas cuantas bolas negras como el demonio, canicas duras ( o parecían duras) y todo comenzó a funcionar. Ja, os he vencido.....


Bajé al comedor.
-¿Qué, ya te has jodido todos los actimels eh? ¡Te tenía que haber dao un chungo!
- Si tú supieras....
-¿Qué?